MIL Y UN ROSTROS

CAMBIO RADICAL
Pregunta: "El viento sopla y el pendón se mueve.
¿Es el viento el que se mueve. O se mueve el
pendón?". El Maestro Zen Hui Neg: "Ni se mueve
el viento ni se mueve el pendón; lo que se
mueve e tu corazón."
Ana se miró en el espejo y no reconocía la imagen que se reflejaba,
su níveo uniforme de chaqueta y pantalones le hacían ver más delgada. Comenzaba una nueva etapa en su vida, y le embargaba la incertidumbre por lo que estaba por venir. Era verano y no sé explicaba aquel impulso de tomar ese empleo en donde dejaría de lado los días de mar, sol, de contemplación de hermosos atardeceres; que desde siempre le cautivarón. Una vez más antes de ponerse en moviemiento dejo hablar a su corazón y fue este quien tomo la decisión. Cerró la puerta de su casa y el cambio radical empezaría. Con paso ligero se dirigió hacía la Clínica Geriátrica donde comenzaría a trabajar como cuidadora de ancianos.
Al llegar a la Clínica le recibió la jefa de enfermeras y amablemente le condujo hacía la sala de reposo donde se encontraban los ancianos que aún dormian. La primera impresión de Ana fué la de una bofetada en la cara. era testigo mudo de la decadencia humana, del dolor, de la dependencia que insulta, de la deseperación. Quizo dar media vuelta tomar el ascensor, buscar la puerta de salida y marcharse para siempre. Aún estaba lejos de comprender que su paso por aquel lugar nada ortodoxo para una mujer de su edad; a la que sólo le debía importar lucir lo último de la moda o acudir a spas donde se ofrecen métodos milagrosos para recuperar la juventud perdida, pudiese dedicar su tiempo a escuchar las quejas de viejos moribundos, que claman por un poco de atención y una caricia. Como cambiaría e influiría en ella cada historia que tapizaban esos pasillos que albergaba a aquellos seres que día a día morían entre sábanas, entre la nostalgía del pasado.
PRIMER DESAYUNO DE ANA
Es como si el género humano tuviera la malaría:
frío unos instantes, caliente otros,
y antes de qué se dé cuenta,
su vida a llegado a su fin.
MAESTO FA YAN
La mañana estaba tibiía, el sol se colaba por la ventana y acariciaba el rostro de Amelia; tenía una mirada recelosa y desconfiada, esta vez con justa razón. Seguramente podía oler la inexperiencia de la cuidadora que se haría cargo de ella ese día.
LLegó el momento que Ana tenía que poner en práctica todo lo aprendido. Se díó cuenta que no sería fácil, pero también sabía que la buena voluntad y esmero eran una buena combinación. Sus pensamientos fuerón interrumpidos por Héctor, el encargado de distribuir puntualmente los alimentos a cada uno de los pacientes. Le saludo con una sonrisa amplia que dejaba ver unos blanqísimosy perfectos dientes. Dejo la bandeja sobre la mesa rodante y se marchó. El desayuno consistía en un vaso de jugo de fruta de la estación, un huevo cocido, una rebanada de pan con mermelada y una taza de leche. Ana dío vuelta a la manivela de la cama para que Amelia pudiera estar en una posición adecuada y cómoda. Acercó la mesa rodante hacía la cama y es en ese preciso instante en que sucedió la catástrofe. Mermelada , leche , huevo, todo absolutamente todo, giraba por los aires, parecía un baile de regetón, todo pasaba ante sus ojos en cámara lenta, no podía creer lo que sucedia. De poder hacerlo, hubiese desaparecido de la escena con un sólo movimiento de nariz al estilo de Hechizada. Estaba pagando su noviciado.
CONCEJOS, PUDOR Y COQUETERIA
¡El tiempo fluye como un torrente!
CONFUCIO
LLegó el día en que conocería a Consuelo, una anciana que padecía demencía senil y que sería sin lugar a dudas quien despertaría la admiración y ternura de Ana.
Conchito como cariñosamente le llamaban, parecía estar en algún lugar dónde sólo ella tenía acceso; un lugar donde seguramente se encontraba con sus recuerdos y podía soñar y ser feliz.
Fue una tarde en que daban un paseo por los jardines de la Casa de Reposo, cuando de pronto Conchito regreso de su largo viaje.
-¿Quién eres?-dijo la anciana-
-Liliana -respondió la cuidadora-
-¿Ana?
-Sí ...Ana.
Y es así como estas dos mujeres que por voluntad del destino cruzarón sus caminos, comenzarían una breve y profunda amistad. Una amistad que era interrumpida cuando Consuelo huía despavorida de la realidad, pero se hacía tan fuerte como un roble a pesar del poco tiempo en que permanecía en este mundo.
En los momentos de lucidez hablaban de muchas cosas: cómo educar a los hijos; según Consuelo, los hijos pueden ser una bendición o un castigo, todo depende de la educacíón que se les dé. Y ella estaba cosechando su siembra ; era la única paciente que recibía la visita puntual y solicita de sus dos hijos. Ana nunca vió tal devoción y muestra de amor más grande hacíauna madre. Como ser una buena esposa y, algunos truquitos para mantener la llama viva del amor a pesar del paso de los años, fuerón tambien temas de amenas charlas que terminaban cuando las tibias tardes de verano anunciaban su fin con la puesta de un rojiso sol que se perdía en la linea celeste del horizonte.
Todos esos concejos retumbarían en la mente de Ana por siempre.
NO HAY TIEMPO QUE PERDER....¡VIVE!
Hay un tiempo para trabajar.
Hay un tiempo para amar.
Luego, no queda tiempo
para nada.
COCO CHANEL
Se enciende el timbre de la habitacíópn docientos dos; sólo esta Ana en ese monento en la estacióny decide atender el llamado. Sin saber de quien se trataba abrió la puerta y se encontró con una menuda y frágil mujer; estaba recuperándose de una delicada cirugía. Había sufrido una aparatosa caida y como consecuencia del golpe terminó con la cadera fracturada.
-¡No, no! -Meneo la cabeza-
-Que venga la enfermera, tu eres una practicante
En el fondo sabía de la inexperiencia de la cuidadora; cosa que no molesto a Ana y que además comprendíó, por mucha buena voluntad que tenía,ese no era el momento de aprender.
LLamó la atención de Ana la amargura de la Señora Galvez; era una mujer arisca, mal humorada, retraída, aislada de todo y de todos; no compartía de la tertulia y juegos que se organizaban para la distracción de todos los viejitos.
Muy cortante en sus respuestas, no dejaba que nadie trasgreda el muro de piedra que ella había levantado para el culto a su soledad impuesta y las muestras de afecto y solidaridad de todas las personas que trabajaban en aquel lugar, donde la única misión era hacerles más agradable su estancia.
Con el paso de los días el rostro de Ana se hizo familiar a la señora Galvez; y poco a poco pudo esbozar una escondida sonrisa que quería escapar y volverse libre.
-Señora Galvez, que contenta se le ve hoy -dijo Ana
-Creo que hoy vendrá mi hija -sonrío
-Lo ve señora, tiene motivos para estar feliz, cuando salga de aquí puede dar un largo viaje, conocer el lugar que siempre soño.
- Para qué, si ya estoy vieja
Ana se preocupó por el tono amargo de la respuesta. Con el afán de animarle y alegrar el día, sólo consiguió ponerla nuevamente a la defensiva.
-Cuando enviude me dediqué en cuerpo y alma a mis hijos. No comía ni vestía por darle a ellos todo lo mejor. Estudios en universidades costosas, maestrias en el exterior, viajes de placer. Decidí quedarme con ellos y no deje que el amor entrará nuevamente en mi vida. Y todo para qué. Ahora me dejarón abandonada en esta "Casa de Reposo"; que no es más que un asilo al que sólo cambiarón el nombre para que suene más agradable y puedan engañar su conciencia. Soy un estorbo para ellos y ya se me acabó el tiempo. No imaginas lo desgarrador que es haber tenido en tus manos una vida y haberla desperdiciado y llegar a mi edad en que sólo te queda un camino; la muerte. Y no haber hecho nada.
Aprovecha y haz todo lo que tengas que hacer, no te detengas sólo tenemos una vida. Quien puede decir que regresó del paraíso o del infierno, Soló tenemos una vida: y es esta. Hay que vivirla y buscar la felicidad. Esa debe ser nuestra única e infatigable búsqueda.
Esta mujer, que acababa de parir un milenio de palabras envueltas en amargura y dolor; no cayerón en saco roto, sin saberlo había limpiado el camino de Ana, para que ella empezará a caminar libremente.
¿Y DÓNDE ESTÁ DIOS?
Sólo creeríaen un Dios
que supiese bailar.
FIEDRICH NIETZSCHE
Esa mañana había un inusual alboroto, el silencio díó paso a un bullicioso día. Los pasillos estaban vestidos de globos y serpentinas multicolores. Manuela una fornida y veterana enfermera díó indicaciones a Ana para que se hiciera cargo del aseo personal de los pacientes del pabellón B. El minutero no se cansaba de su infatigable carrera y pronto se daría inicio a la fiesta de cumpleaños de Alberto. La fiesta reuniría a familiares de todos los ancianos, y personal de la Clinica Gerátrica; era una buena oportunidad para conocerse entre ellos e intercambiar opiniones.
El tema de conversación más polémico era averiguar que es lo mejor para aquellos seres indefensos: convivir con gente de su edad, bajo el cuidado profesional de expertos geriatras o vivir envueltos de calor de hogar. Nunca se llegaría a ningún acuerdo, la balanza se mantenía equilibrada.
Cuando Ana se acerco a Alberto, sintió un escalofrío que le recorrerió toda la médula espinal; dejándola paralizada sin saber que hacer o decir. Alberto era cuadrípléjico y había perdido el habla; llevaba postrado en cama desde que sufriera un terrible accidente cerebro vascular, que lo inmovilizo para siempre. De ese fatal día, había pasado más de una década.
Al cabo de unas semanas Ana fue designada al cuidado de Alberto. Muchas incógnitas se tejierón en la mente de esta mujer; Ana no sabía como podría comunicarse con Alberto. Cómo haría para trasmitirle un poco de calor humano, a ese hombre convertido por la fatalidad,voluntad de Dios, el destino, la vida, o quien sabe,en una planta en un vegetal. Fué muy fácil acercare a Alberto, estaba ávido de atenciónpero no de aquel contácto profesional y prólijo de médicos y enfermeras. Necesitaba afecto, palabras breves pero que entibian el corazón, de un apretón de manos que dice más que mil palabras.Nació entre ellos una comunicación de miradas. Sí Aberto miraba fijamente a Ana significaba si; por el contrario si él parpadeaba varias veces era un rotundo no y si desviaba la mirada significaba vete al diablo. Esto último lo asumió Ana, pues eran de esos días que Alberto cogía la sábana con la mano derecha enla quetenía algo de fuerza y se resistía a soltarla.
Durante el tiempo que estuvierón juntos, no hubierón palabras pero si muchas miradas cargadas de afecto; miradas que se dibujarón en el espíritu de Ana. Fue en esa corta conviviencia que la débil fe de esta cuidadora se esfumo, se perdió. Había mucho dolor, sufrimiento. ¿Podía Dios madar semejante castigo a uno de sus hijos?. ¿Era un Dios castigador e injusto?....
TE OIGO Y APRENDO
El verano llegó a su fin, era el momento en que Ana tendría que seguir su camino. No era más la mujer que hace seis meses cruzó el unbral de la puerta de la Clínica Geríatrica. Estaba convencida que su paso por ese recinto de dolor y muerte y al mismo tiempo de sabiduría tenía una razón, había un mensaje que ella tendría que desentrañar, una lección que aprender.
